Beneficiarios:
Acogemos en régimen de internado a 20 jóvenes y a sus bebes durante el primer año de vida, apoyamos a sus parejas y a las personas afectivamente significativas (familiares directos o no) que se encuentren en disposición de recibir ayuda a o que pudieran constituir futuras redes de apoyo a la joven.

Perfil de la joven
Nuestro hogar acoge en régimen de internado a 20 jóvenes en situación de vulneración, menores de 18 años, primigesta y sus bebés durante el primer año de vida. La edad promedio de ingreso es de 14 años, la mayoría presenta un año o más de retraso escolar, por la situación de embarazo o por dificultades previas que la llevaron a desertar. La mitad de las jóvenes aproximadamente no cuenta con un adulto significativo que apoye su escolarización y proviene mayoritariamente de comunas periféricas. Se observa en las jóvenes y sus familias un bajo nivel de integración comunitaria, desconocimiento de los servicios a los que pueden acceder para la intervención en sus problemáticas fundamentales.

El 80% cuenta con una situación económica deficiente que muchas veces motiva el ingreso. Mantienen contacto con uno o ambos progenitores de manera parcial, sin constituirse como reales figuras de apoyo. El 65% de las jóvenes fue ingresada por instituciones, un 15% por demanda espontánea, y un 20% con presencia de familiares que la ingresan.

En relación al acercamiento de las jóvenes a la sexualidad, el 100% conoce sobre métodos anticonceptivos y su uso, y en su mayoría no los usa con conciencia de las consecuencias. Se observa que un 30% desea activamente tener un hijo, definiéndolo en algunos casos como lo único que tienen y que no van a perder, constituyéndose en un familiar concreto, reconocido socialmente, que le permite a la joven enfrentar la desvalorizada categoría de adolescente incluyendo una nueva, la de madre, que supone le dará un mayor reconocimiento social.

El 90% de las jóvenes ha vivido algún tipo de experiencia sexual traumática, dato que se liga a un 20% de las jóvenes que han sido explotadas sexualmente.

El 95% de las jóvenes es inestable emocionalmente, es decir tolera mal es estrés y le cuesta comportarse de manera adaptativa frente a la adversidad.
No cuentan con una identidad integrada que les permita cierto grado de claridad al visualizar los aspectos positivos y negativos en sí misma y los otros. Esta característica es considerada normal dentro de la adolescencia, pero debido a la historia de vida y la situación de embarazo, que las obliga a enfrentar presiones de la adultez, esta característica se ve aumentada.

Todas presentan algún grado de abandono de los progenitores, por ausencia total o por brindar apoyo parcial. El ser institucionalizadas ya implica una falla en el cumplimiento de las funciones paternas con las jóvenes.

En todas se aprecian vivencias de violencia intrafamiliar, el 80% tiene al menos un miembro del grupo familiar con consumo de drogas o alcohol y el 40% cuenta con familiares vinculados a actividades delictuales. Se observa que un 45% de las jóvenes evidencia maltrato hacia sus bebés, requiriendo de intervenciones específicas para reparar en ellas sus daños y para prevenirlos en el bebé.

Un 40% de los padres de los bebés superan la edad de las jóvenes en 7 años o más, y son visualizados por las jóvenes como protectores y apoyadores, contradiciéndose esta percepción en algunos casos con las conductas observadas por los profesionales. El dato anterior puede ligarse al abandono paterno, vivido en algún grado por un 85% de las jóvenes. El 55% de los bebés nace sin contar con el apoyo de su padre, lo que implica una mayor recarga para la joven madre y para su hijo.

Un 60% de las jóvenes ha dañado alguna vez de manera voluntaria su cuerpo, a través de cortes o la ingesta de alguna sustancia tóxica. El 65% ha consumido drogas o a tomado alcohol en exceso como forma de calmar estado emocionales displacenteros. El 80% presenta pensamientos y deseos de morirse ligado a eventos de vida penosos. El 60% presenta mal manejo de la agresión. Las cuatro cifras citadas anteriormente indican posible sintomatología depresiva, la que se liga a la dificultad para elaborar la agresión y no dirigirla contra sí misma.

El 60% de las familias de las jóvenes presentan inestabilidad emocional, afectando esto la estabilidad laboral y por lo tanto la calidad de vida.